Me da la impresión de que con frecuencia caemos en la tentación de buscar el parecido de nuestros hijos con nosotros sus padres, o con algún familiar cercano. Las frases más comunes son: a poco no es igualito a; se parece mucho a; es idéntico a…… En efecto, nuestros hijos se pueden parecer a nosotros por genética, sin embargo, el parecido que me sorprende aún más es el adquirido por imitación.
Para comparar la herencia genética confieso que he armado fotos comparativas de Luciano con Omar (mi marido), con mi papá, con mi hermana y obvio conmigo jaja. ¿Qué buscábamos? Seguramente reconfirmar de cierta manera que llevan nuestro sello, que además de la sangre que corre por sus venas, tenemos otras cosas en común, color o forma de los ojos, pelo o tono de piel, nariz, forma de la boca, etc.

La segunda razón para confirmar el parecido es igual o más poderosa, y surge a raíz de la convivencia: la imitación. ¿En qué se refleja? Puede ser en cómo caminamos, los gestos que hacemos, actitudes, vocabulario, etc. Y como dice el sabio refrán «lo que se hereda no se hurta»

LO QUE NOS HA FUNCIONADO … es procurar estar concientes en lo que diariamente hacemos y decimos, ya que imitan con mucha facilidad. Aprenden por imitación directa de nosotros para bien y para mal.
No te preocupes si tus hijos no te escuchan…te observan todo el día
– Madre Teresa de Calcuta
Hasta la próxima!
Mara & Lu
